Carlton Turner. Foto: La Universidad de Mississippi

A pesar de que el uso terapéutico y medicinal del cannabidiol (CBD) se percibe como algo novedoso y de reciente descubrimiento, su potencial como coadyuvante para enfermedades como la epilepsia se conocen desde al menos 1981. Un artículo de New York Times recapitula la historia detrás de la fiebre y sobre-entusiasmo por el CBD desde entonces hasta nuestra fecha.

Hoy en día el CBD es una molécula muy popular por su potencial terapéutico para combatir todo tipo de males y enfermedades. Su uso ha sido celebrado y promovido por actores, músicos y atletas en algunos países con alguna regulación permisiva al “cannabi medicinal”.

Y el interés desde todo tipo de actores (empresariales, médicos, farmacéuticos, etc) hacia el cannabidiol probablemente irá en aumento en las próximas décadas.

Sin embargo, de no haberse impuesto políticas tan estrictas para la investigación de la planta de cannabis, tal vez mucho de estos avances ya se habrían concretado. El texto llamado Una historia oculta sobre el origen del entusiasmo por el CBD (A Hidden Origin Story of the CBD Craze) de Amanda Chicago Lewis rescata un artículo publicado en el Journal of Clinical Pharmacology donde se da cuenta del potencial terapéutico del CBD y que data del año 1981.


La investigación relatada en la publicación, Hypnotic and Antiepileptic Effects of Cannabidiol, mostró una mejora significativa en 7 de 8 pacientes de epilepsia a quienes se les suministró cierta dosis de la sustancia. Un hallazgo que atrajo la atención de Carlton Turner, quien contribuyó al establecimiento del Proyecto de Investigación de Marihuana del gobierno de los Estados Unidos en la Universidad de Mississippi en los años 60 y 70. Incluso se sabe que Turner estuvo en comunicación constante con el líder de esta investigación, el doctor Elisaldo Carlini, de Brasil.

Foto: Kelsey McClellan. NYT

“Por décadas, la investigación del doctor Carlino no fue replicada, en parte por que muy poca gente tenía acceso al compuesto: Tanto la mota en posesión del gobierno y donada al laboratorio de la Universidad de Mississippi, como la mota fumada de forma ilegal alrededor del país contaban con sólo un rastro de CBD”, recuerda el texto del NYT.

Y, en efecto, durante décadas el interés de los cultivadores giró entorno a cultivar y cruzar variedades de cannabis con altas cantidades de tetrahidrocannabinol (THC). Un proceso que incluso ha puesto en riesgo a ciertas subespecies silvestres (leer más).

Esto cambió gracias al trabajo de David Wasson, un coleccionista de semillas y cultivador que residía en Holanda. Cuando se enteró del descubrimiento del doctor Carlini puso manos a la obra y comenzó a cultivar variedades altas en CBD. Las variedades cultivadas por ellos permitiría trabajar posteriormente a la compañía británica GW Pharmaceuticals, donde se lograron grandes descubrimientos y eventualmente se desarrollaron las pruebas clínicas que les hicieron valer una aprobación de la Food and Drug Administration (FDA) para comercializar algunos medicamentos con cannabidiol (bajo sus debidas restricciones).

 

“Dentro de par de años se dieron cuenta de que la combinación 1:1 de THC y CBD presentaba la mejor latitud de efectos y prevención de efectos secundarios” dijo el doctor Ethan Russo, quien trabajó con la compañía durante casi 20 años.

De ahí poco ocurriría hasta pasados los 2000’s, cuando el caso de Charlotte Figi llevó a los medios masivos de comunicación en Estados Unidos, la urgencia con la que miles de pacientes necesitan el cannabidiol para cuidar de su salud y calidad de vida. Figi sufría de epilepsia y el CBD hacía una gran diferencia en el tratamiento en su enfermedad, hecho que se podía conocer desde los 80 gracias a la investigación del doctor Carlini, pero apenas llegaba al conocimiento de las masas.

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“De pronto todos querían CBD a pesar de que nadie lo entendía del todo” señala el texto del NYT, el cual concluye con una alerta hacia el panorama plantado:

“En 2020 el CBD [en Estados Unidos] se puede conseguir de tres formas: sobre el mostrador, en un dispensario con licencia estatal; o si se padece de alguna forma de epilepsia directo de GW Pharmaceuticals. La mayoría de los estadounidenses encuentran CBD por la primer vía y la menos confiable”.

El texto concluye que la sobre exposición del CBD, así como una mala regulación puede llevar a consecuencias desagradables (como la proliferación de un mercado irregular de aceites con dudosa calidad). “Un consultor contratado para hacer una investigación por una cadena corporativa recientemente me dijo que el porcentaje de productos de CBD que se pueden obtener sobre el mostrador que contienen la cantidad que anuncian en su etiqueta era en “dígitos sencillos” señala Chicago Lewis.

Foto: Kelsey McClellan. NYT

En México, la reforma a la Ley General de Salud de 2017 hizo posible una suerte de “legalización” del CBD, sin embargo al día de hoy no existe garantía sobre lo que se oferta en el mercado.

Esto, porque los Lineamientos sanitarios… que emitió la administración del entonces presidente, Enrique Peña Nieto, permitían únicamente la importación de los productos con CBD. Muchos de los cuales ya circulan en nuestro país sin muchas restricciones gracias a que los mencionados Lineamientos fueron revocadas por la actual administración del presidente Andrés Manuel López Obrador. Esto bajo el argumento de que “exedió en sus propósitos al permitir la importación de venta de productos con THC con fines otros al medicinal”.

En los últimos meses de 2019 la Suprema Corte de Justica de la Nación emitió una sentencia en la que manda al poder ejecutivo a emitir esta reglamentación pendiente. 

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