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Frutos del cafeto. // Fotografía tomada de Pixabay.

Conocer sobre el origen del café como planta y como bebida en los diversos usos sociales, está más cerca del terreno de las conjeturas. Sin embargo, se han planteado aproximaciones que permiten conocer el punto de origen de una de las bebidas más consumidas alrededor del mundo.

El café es el nombre atribuido a las semillas de los frutos del cafeto, planta cuyos orígenes se remontan -según las historias populares- al suelo africano, en la vieja Abisinia (hoy Etiopía) del cuerno continental. 

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Ubicación de Etiopía. De Internet

El término “café” se establece por la provincia de Kaffa de Abisinia, aunque algunos investigadores deducen que la palabra deriva del árabe “qahwa” (vino) o de “kaboueh” (fuerza), pues fueron los árabes quienes lograron posicionar la bebida intercontinentalmente.

Si bien ubican el descubrimiento del cafeto en el Imperio Etíope, lo único que se tiene de ello como sustento es una vieja historia de autenticidad incierta pero cuya prosa vale la pena enunciar, según el médico e investigador colombiano, Fernando Serpa Flores, en su investigación sobre la historia del café, trabajo donde escribe con su propia pluma el relato:

“Hallábase un humilde pastor de cabras y de camellos una noche, como era costumbre, apacentando sus rebaños en un sitio donde casualmente había varias plantas de café silvestre, cuando he aquí que observó cómo los animales a su cuidado estaban nerviosos. 

Ariscos e inquietos, desasosegados  e insomnes, causaron la extrañeza del humilde hombre, que no pudo menos de narrarla a un sacerdote, quien con la buída perspicacia de los derviches, se dio cuenta que los animales habían ingerido las hojas y los frutos del café. Probó de la planta el sacerdote, observó en él los efectos y se convirtió en el principal propagandista de café.”

A dicha historia le han cargado de matices varios, como que el cabrero se llamaba Kaldi, que era flautista y ocupaba el sonido de su instrumento para llamar a sus cabras, o que el sacerdote tiró los frutos al fuego por considerarlos diabólicos pero el intenso aroma lo llevó a rescatarlos. 

Lo cierto es que la permanencia de boquetes históricos sobre el origen del descubrimiento del cafeto son difíciles de llenar pues los únicos registros existentes son poéticas historias populares. A pesar de ello, las personas etíopes saben y reivindican a sus tierras como las madres de la droga legal más consumida en el globo. 

Los primeros registros historiográficos que permiten desentrañar el pasado de nuestra negra bebida predilecta, nos conducen al siglo XV, hasta Oriente Próximo, en un país actualmente atestado de conflictos políticos y que, sin embargo, antaño representó el territorio que llevaría al mundo las semillas de café. Hablamos de Yemen. 

Los primeros usos del café como bebida registrados, se localizan en los monasterios sufíes de Yemen. El sufismo es una congregación derivada del Islam cuyo objetivo es la perfección en la devoción y adoración a Dios. Se dice que los antiguos sufíes ocupaban la bebida negra, también nombrada como “Vino de los Árabes” o “Vino del Islam”, para mantenerse despiertos en las largas y nocturnas veladas de adoración. 

La pregunta es: ¿cómo pasaron los cafetos africanos a la Península Arábiga? Además de la proximidad territorial entre Abisinia y el actual Yemen, algunas de las hipótesis plantean como vehículos a las caravanas de esclavas y esclavos que pasaban por Abisinia, provenientes de Sudán y Egipto, dirigiéndose hacia el Mar Rojo; ruta marítima de conexión comercial entre diferentes latitudes de oriente y occidente. 

Otra hipótesis menciona la posibilidad de peregrinaciones musulmanas hacia La Meca por parte de algunas regiones africanas cercanas a Abisinia. Cabe decir que visitar La Meca (ciudad religiosa más importante del Islam ubicada en Arabia Saudita), es uno de los cinco pilares más importantes de dicha religión, por lo que todo creyente debe visitarla al menos una vez en su vida. Dicha peregrinación es conocida como “Hajj”. 

Lo importante de las anteriores hipótesis, estriba en que tanto las caravanas de esclavas y esclavos así como las peregrinaciones, sólo contaban con una única ruta marítima para trasladarse de África a la Península Arábiga y de ahí a La Meca, y era por medio del puerto Al-Mokha, en la costa colindante con el Mar Rojo, al sur de Yemen.

Al-Mokha, traducido como Moca o Mocha, era uno de los centros portuarios más importantes desde la anexión de Yemen al Imperio Otomano en 1517. Según la International Coffee Organization (ICO), la ciudad de nombre homónimo al puerto, generó el mayor mercado del café entre los siglos XV y XVII, debido a las estrictas medidas comerciales adoptadas por el imperio. 

Una de ellas facilitó la creación del monopolio del café, al asegurarse que ningún otro país pudiera cultivar por cuenta propia. Lo anterior lo lograron sumergiendo las semillas de exportación en agua hirviendo o tostándolas parcialmente para volverlas infértiles. 

A causa del control territorial de las principales rutas comerciales entre oriente y occidente (generando el conocido bloqueo comercial),  los Otomanos exigían a toda embarcación navegante del Mar Rojo detenerse en Moca para pagar los impuestos de su cargamento, condición relevante para el aumento comercial de las semillas del cafeto. 

Así, tanto la ciudad como el puerto representaron zonas geopolíticas estratégicas para el poderío otomano, no sólo por ser los intermediarios comerciales entre una región y otra sino por sentar las condiciones del comercio de sus propios productos entre ambas regiones, incluyendo el café. 

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Antigua postal de Estambul que ilustraba los cafés de la capital otomana. // Obtenida de: turkkahvesidernegi.org

La primera estrategia les funcionó adecuadamente; no obstante, una historia popular explica la pérdida del monopolio cafetero de los turcos-otomanos: un sufí de nombre Baba Budan, consiguió llevar siete semillas fértiles adheridas a su estómago (algunas versiones apuntan al escondite de su barba) del puerto Moca hasta su lugar de origen, la India, cuando regresaba del Hajj (peregrinación musulmana a La Meca). 

Como era de esperarse, antes de llegar a su producción y comercialización a Europa occidental, la bebida sufrió una serie de prohibiciones por ortodoxos en La Meca en 1511 que se replicó consecutivamente en El Cairo, Egipto y algunos países europeos, llegando a considerarla como “La amarga invención de Satanás”. 

Los mercaderes venecianos con la hegemonía del comercio en las costas del Mediterráneo sud-oriental, fueron quienes comenzaron a comerciar con los turcos-otomanos los granos para así introducirlos a Europa. 

Y como todo elemento ajeno a las imperantes costumbres, la bebida generó resistencia por parte de la religión católica. Ya sabíamos que las sustancias psicoactivas tienen una escalafón especial en la historia de la prohibición de aquello que genera rupturas y el café no podía exceptuarse. 

La prohibición del café en Europa occidental, se desarrolló bajo dos aspectos: en primer lugar porque su territorio de procedencia profesaba el Islam, representando una amenaza directa a los valores cristianos; y en segundo porque en las cafeterías turcas se prohibía el acceso a las mujeres, fortaleciendo un imaginario vinculatorio (y misógino, dicho sea de paso) entre el café y la “afeminización” de los hombres que lo consumían.  

Frente a las peticiones de clérigos para la prohibición del “Vino de los Árabes”, el Papa Clemente VIII es quien “zanja la discusión de si es permitida a los cristianos esta bebida diabólica de infieles, y con palabra irónica dice que, para quitar al demonio una bebida tan grata, lo mejor es bautizarla”, escribió en su investigación Fernando Serpa. Sobre la base de la bendición papal, un sinfín de cafeterías comenzaron a abrirse en muchos países del continente.  

Posteriormente las potencias como Inglaterra, Francia, España, Portugal y Holanda,   llevaron semillas a sus colonias en el continente americano, encontrado casi azarosamente a raíz de la búsqueda de nuevas rutas comerciales entre Europa y Asia por el bloqueo marítimo comercial impuesto por el imperio otomano.

El caso de Holanda es curioso. Al conseguir las semillas fértiles, las llevaron a sus colonias en Batavia (actual Jakarta) y a la Isla de Java (actual Indonesia). Los holandeses comercializaban el café como sinónimo de “Moca”, por el puerto donde lo conocieron por vez primera. Actualmente “Moca” se emplea para referirse a una variante de preparación a la que se le añade un poco de chocolate. 

Para 1683, los granos del puerto yemení y Java, son los más comercializados en Europa. Hoy, Indonesia ocupa el cuarto mayor productor de café a nivel mundial, sólo por debajo de Brasil, Vietnam y Colombia, de acuerdo a los datos de la International Coffee Organization publicados en 2019. 

En América, las condiciones climatológicas tropicales fueron y hasta la fecha siguen siendo idóneas para el cultivo de cafetos, razón por la que cinco países latinoamericanos (Brasil, Colombia, Honduras, México y Perú, respectivamente), se encuentran dentro de la lista de los 10 mayores productores registrados en la lista de la ICO. 

Rituales Cafeteros 

“El corazón no quiere café ni cafeterías, el corazón quiere a un amigo. El café sólo es la excusa”. Anónimo.  

En el incremento de la demanda del café, las relaciones humanas con la bebida fueron diversificándose. Pasaron del uso religioso a la prohibición y de la prohibición a la apertura de cientos de cafeterías, espacios que perfeccionaron con el tiempo el arte de conversar. 

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Florian, una de las primeras cafeterías venecianas. // Obtenida de internet.

Dicen que la conversación marcó el éxito del café. Si pensamos las formas en las que nos relacionamos con él, tal afirmación es puntual. La tecnología de los cafetos ayudó para la creación de espacios de interacción social y diálogo en la estimulación de la mente y la excitación de las ideas. 

Las primeras cafetería en Inglaterra, se abren en la segunda mitad del siglo XVII, emulando a las cafeterías turcas aunque en un ambiente más sereno. La gente las conocía como “Universidades de a Centavo”, pues ofrecían una forma de aprendizaje al académico-estructural de las aulas, mediante las charlas y el acceso a periódicos y volantes que podían leerse por un centavo, el costo de una taza de café, según información de la revista digital inglesa Historic UK.

"La cafetería era un lugar para que académicos de ideas afines se congregaran, leyeran, aprendieran y debatieran unos con otros, pero no era una institución universitaria, y el discurso allí era de un un orden muy diferente al de cualquier tutorial universitario ", dicho por el historiador Brian Cowan en su libro “The Social Life of Coffee”, añadiendo que los principales temas de conversación giraban en torno a las problemáticas comunes generalmente con tinte político. 

Con lo anterior, algunas investigadoras e investigadores coinciden en la importancia de las cafeterías para la Ilustración. Al respecto, Jurgen Habermas en su libro “Historia y Crítica de la Opinión Pública”, menciona a las Coffee Houses como el punto de encuentro entre la sociedad aristócrata y la sociedad intelectual, pero también las capas medias, artesanos y tenderos. 

Las cafeterías como parte del ámbito público, argumenta, “eran un espacio donde los hombres podían escapar de sus roles como sujetos y ganar autonomía en el ejercicio e intercambio de sus propias opiniones e ideas”. 

Las 3000 cafeterías contabilizadas para la primera década del siglo XVIII en Londres coincidiendo con el inicio de la Ilustración, podrían parecer un indicio razonable para pensar la relación entre la bebida (sus efectos cosquilleantes a la curiosidad intelectual), las cafeterías (como espacios de discusión, encuentro y acceso a diversos materiales de lectura) y las ideas que marcaron un cambio de Era. 

Thomas Babington Macaulay, poeta, historiador y político británico decimonónico, llegó a presentar a las Coffee Houses como “la institución política más importante de Inglaterra, siendo el ejemplo de valores como el igualitarismo o la civilidad”. Citado en la investigación de Manuel Acón Pérez, titulada “Las Coffee Houses Inglesas: un nuevo espacio para la interacción social en el siglo XVII”. 

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Ilustración de una Coffee Hous inglesa del siglo XVII // Obtenida de The British Library

En dicha investigación, Manuel Acón plantea el establecimiento de las Coffee Houses siguiendo la tradición de los cafés turcos, donde se permitía la presencia de cristianos y judíos. “El mayor cambio cultural que se produjo a raíz de la consolidación de las Coffee Houses fue el igualitarismo. (...) Cualquiera que entrase en este tipo de establecimiento y pudiese pagar el precio de una taza era considerado como un igual”. 

Las cafeterías se fueron estableciendo en las distintas capitales europeas a lo largo del siglo XVII y XVIII. Oxford fue la primera en 1650 y le siguieron Londres (1652), Viena y Venecia (1683) y finalmente París con su famoso Café de Procope (1689), al que se dice asistían con asiduidad los pensadores Jean-Jacques Rousseau y Voltaire. A España llegaron tardíamente por la presencia del chocolate como bebida selecta proveniente de la Nueva España, su colonia americana. 

Si bien eran accesibles y abiertos a tratar todos los temas a pesar de la clase o el mérito, la participación de las mujeres no era bienvenida. 

De acuerdo a Brian Cowan, los historiadores describen a las cafeterías como una esfera de caballeros donde los hombres pueden participar en una conversación sin asociarse con mujeres (a diferencia de las tabernas), en consecuencia, no era lugar para una mujer si deseaba preservar su “respetabilidad”. Además, los temas de conversación no eran dignos ni de la incumbencia de las mujeres. 

El supuesto igualitarismo pregonado por Thomas Babington Macaulay, se concretaba en cuanto se tratase de exclusivamente de hombres. Mientras las “grandes mentes ilustradas” discutían sobre política, negocios y crítica cultural, las mujeres no tenían acceso a ellas como clientas. 

Por otro lado, la igualdad profesada no llegaba aún a las colonias de las potencias occidentales pre-revolucionarias, pues el café tomado en las Coffee Houses donde seguramente surgieron los principales ideales de la Ilustración, provenían de la explotación campesina  colonial  en el actual continente americano.  

El Sur produce y el Norte consume

El café llega por vez primera a la Isla Martinica a través de Francia; posteriormente llega a Surinam, Guyana Francesa, Brasil y Jamaica respectivamente. El cultivo del cafeto en zonas tropicales fue una de las causa del potenciado crecimiento del café, aunque en gran medida se debió al uso de la fuerza de esclavos y esclavas en los lugares colonizados.  

Algunas plantaciones coloniales de productos como el algodón, el café y el azúcar, son el origen directo de los grandes latifundios latinoamericanos que perviven hasta la actualidad.  

Antony Wild, otro investigador sobre la historia del café, afirma en su libro “Café: Una Historia Oscura”, que los cultivos de cafetos desempeñaron un papel similar al azúcar en la promoción del comercio internacional de esclavos y esclavas, provenientes principalmente de África. 

La situación histórica de esclavitud y colonialismo en la que “el café beneficia mucho más a quienes lo consumen que a quienes lo producen”,  no resulta nada vieja. Si comparamos la lista de los diez países productores de café a nivel mundial proporcionada por ICO en 2019, con la lista de los principales países importadores en el mismo año, la diferencia es similar a los tiempos de la colonización. En el último listado se ubica la Unión Europea, Estados Unidos, Japón, Rusia y Suiza respectivamente.

Es cierto, oficialmente la esclavitud fue abolida aunque las condiciones precarias del campesinado en la producción del café siguen existiendo aunque con otros nombres y bajo modelos de negocios liderados por cadenas transnacionales. Por algo dicen que el café negro tiene el color de la gente que enriquece a su dueño. 

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Coffee is Black! // Créditos: M. Makela

La historia antigua y moderna del café y su imbricación con el consumo actual, es sin duda un tema extenso el cual aún resta por estudiar y escribir. Con el conocimiento de este esbozo, seguramente asistir a una cafetería y beberlo por la mañana se convertirá en una experiencia diferente. ¿A qué sabe tu café ahora que sabes la historia de su origen? 



Imagen de portada: @coffeeholics_chicos

LINKS
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