Usos medicinales de la coca y la cocaína

La palabra droga, antes de adquirir una connotación peyorativa, era sinónimo de medicina y algunas de las sustancias que hoy son ilegales eran recetadas para múltiples padecimientos. La especie Erythroxylon coca, mejor conocida durante el siglo XIX como Coca del Perú ha sido fuente de diversos fármacos. La planta de coca originaria de Sudamérica ha formado parte de los usos rituales, alimenticios y medicinales de diversas sociedades durante milenios. A la llegada de los europeos al nuevo continente, precisamente esta importancia cultural causó impresiones ambiguas a los colonizadores. Por un lado fue relacionada con prácticas supersticiosas y con el demonio, al igual que otras plantas sagradas. Por el otro lado, causó el interés de viajeros y del naciente gremio científico. Por lo cual esta planta pasó a ser parte de múltiples tónicos, extractos y otros preparados.

En el año de 1860 el químico alemán Albert Niemann logró aislar un alcaloide de la hoja de coca a la que nombró cocaína. Y para la década de 1880 la cocaína comenzó a ser objeto de estudio de diversos científicos, entre los que destacó Sigmund Freud. Las noticias sobre las propiedades de la cocaína no tardaron en llegar a México y durante 1885 el Dr. Semeleder informó que recibió información desde Europa de la aplicación del muriato de cocaína para producir anestesia local en la laringe y en los ojos. En su artículo, Semeleder exaltó el uso como inhibidor de la sensibilidad, pero mencionó que la infinidad de remedios que existían con las hojas de coca han sido abandonados, ya que sus efectos terapéuticos no han sido satisfactorios.

Unos meses después, el Dr. Fernando Altamirano realizó extracciones de cataratas y circuncisiones –todas con éxito– usando como anestésico el muriato de cocaína que él mismo había preparado. Lo calificó como un “agente maravilloso” con “benéficas aplicaciones”, por lo que recomendó que se sembrara la hoja de coca en México para aprovechar sus propiedades y hacerla más económica.

Además, la cocaína fue empleada por los dentistas para realizar cirugías y su uso como anestésico local continuó difundiéndose durante el siglo XX. En 1902 el químico y farmacéutico nacional Juan Manuel Noriega, en su Curso de Historia de las Drogas, señaló que la cocaína era frecuentemente usada como sucedáneo del café o del té y reconoció sus propiedades como anestésico local, en particular para ulceraciones dolorosas y para operaciones de poca duración.

Sin embargo, pronto los mismos médicos se comenzaron a preocupar por el consumo de diversas drogas, que consideraron podía causar la degeneración de la población, entre las que se señaló a la cocaína. Estas inquietudes respecto al uso no terapéutico del uso de sustancias psicoactivas incidieron en su prohibición y en la difusión de prejuicios en contra de estas.

En el año de 1920 se publicaron las Disposiciones sobre el cultivo y comercio de productos que degeneran la raza. En esta reglamentación se estableció que para introducir al país opio, morfina, heroína y cocaína, “así como los preparados de ellos que pueden servir para fomentar las manías” y que para venderlos en los establecimientos comerciales se requería un permiso de las autoridades sanitarias. A partir de entonces, la cocaína pasó a ser una droga ilegal y tanto los usos recreativos, tónicos y médicos se vieron enervados.


Imágenes:
- "Anuncio de grageas con mentol y cocaína", Directorio Médico Mexicano, Talleres Galas y Hermanos, México, 1928.

- Caja antigua de pastillas medicinales con clorhidrato de cocaína. Colección privada.

- "Hoja de coca", Farmacopea Latino-Americana, Alfonso L. Herrera, Talleres Gráficos de Herrero Hermanos, México, 1921, p. 226.