Autor: Jorge Hernández Tinajero

 

Para cuando este texto se haya publicado, habrán sucedido ya todos los foros nacionales sobre mariguana llevados a cabo por la Secretaría de Gobernación, llevados a cabo por instrucciones de la Presidencia de la República.

Como muchos otros, fui y soy escéptico de las consecuencias directas que tales foros puedan tener en nuestra política doméstica de drogas, y la de la mariguana en particular.

A pesar de ello, he participado en dos (Ciudad Juárez y Saltillo) y lo haré de nueva cuenta en el de la Ciudad de México. A los dos primeros fui invitado, después de haberme inscrito por internet en el de la capital del país.

¿Por qué participar, si soy escéptico de la utilidad de tales ejercicios? Varias son las razones, pero tal vez la más poderosa es que, en ocasiones como ésta, es mejor participar y dejar constancia, que simplemente despreciarlos porque no llenan nuestras expectativas. Como si en los miles de debates en lo que he participado, además, se hubiera resuelto algo.

Pero una vez dicho esto, paso a mi experiencia en estos ejercicios. En ambos, la dinámica fue idéntica: mesas de 7 u 8 “especialistas” que, con independencia del tema propuesto, hablaron a diestra y siniestra de lo que quisieron.  Desde luego, cualquiera que tenga algo de experiencia en foros públicos sabe que éstos son es el mejor método para dejar que la gente hable, y que, si bien le va, alguien del público o de sus pares le responda de algún modo. Catarsis e insuflación de egos, en todo caso.

Pero así las cosas, me tocó escuchar de todo: desde las dudas epistemológicas relacionadas con los pormenores jurídicos que llevaron a la Suprema Corte de Justicia de la Nación a tomar su resolución; hasta la defensa aireada de la respetabilidad del “ser mariguano”. Incluso, en Saltillo, un miembro del público se levantó gritando que no me hicieran caso, que la única voz que contaba era la de los adictos y sus familias, y que la Corte podía irse mucho a la chingada con sus decisiones. Ante la incapacidad del moderador por terminar con la interrupción, ahí terminó la sesión.

Total, los foros han sido un diálogo de sordos para los presentes, pero que aún no sabemos cómo procesarán las orejas de Gobernación.

A pesar de ello, algunas cosas sí parecieron quedar en claro. Enumero algunas de ellas:

  1.  Parece haber un reconocimiento de promotores, detractores y autoridades, de que algo debe cambiar en el corto plazo respecto de la mariguana. Una buena cantidad de opiniones sostiene que “la guerra fracasó”, pero no hay una propuesta general que trace el rumbo de lo que es necesario cambiar.
  2. Tal cambio pasa por la descriminalización del uso, si bien nadie tiene idea de cómo resolver esto.
  3. Nadie ha hablado de forma concreta sobre quién produciría la planta en un eventual mercado regulado de la mariguana, ni cuáles podrían ser las características de su sistema de distribución.
  4. El potencial de las propiedades terapéuticas de la planta parece que ya no se encuentra en duda. Sin embargo, persiste un vacío sobre su producción y regulación como medicamento, así como un miedo cerval a que cualquier fármaco pudiera contener algún grado de psicoactividad (con lo que una parte esencial de su valor terapéutico se vería drásticamente reducido).

Hasta ahí los foros de Gobernación. Desde luego, este recuento no pretende ser un retrato de todos los temas abordados, y solo se limita a enumerar algunos de los que parecen verdaderamente sustantivos para un debate constructivo. Por lo demás, habremos de esperar a ver si, algún día, el Gobierno hace algo con ellos antes de que se pierdan en el olvido más absoluto… o bien en una estadística más de los informes de Gobierno.

Autor: Jorge Hernández Tinajero