La marihuana es una planta dioica o unisexual, lo que significa que produce individuos tanto masculinos como femeninos (y en algunos casos hermafroditas, osea con ambos sexos). Esto puede representar un problema, pues únicamente las hembras desarrollan flores con la resina y los cannabinoides que tanto buscamos, ya sea por sus propiedades terapéuticas o sus efectos psicoactivos.

No sólo eso, sino que la presencia de plantas macho implica el riesgo de la polinización incluso a kilómetros de distancia. Esto es desafortunado pues los recursos nutrimentales serían utilizados para las semillas y no para los cogollos.

La mejor forma de evitar esto es detectar el sexo de la planta a tiempo. Pero, ¿cómo distinguirlas? Aquí te explicamos.

Diferencias

Recordemos que el ciclo de vida del cannabis se divide principalmente en dos periodos: el de vegetación y el de floración. El primero es el tiempo en que la planta crece y se fortalece, en el segundo se dedica a la producción de flores con el objetivo de reproducirse.

Es hasta la etapa conocida como pre-floración que podremos distinguir el sexo de nuestras plantas. Como su nombre lo sugiere esto es justo antes de la floración, entre 6 y 8 semanas después de que germinó la semilla.

En los machos podremos encontrar bolsitas de polem conocidas como “campanitas”. 

Mientras que en las hembras veremos que crecen filamentos o "pelitos". Estos en un futuro se convertirán en cogollos.

En teoría es bastante sencillo, pero las “pre-floras” pueden ser muy pequeñas en un inicio, por lo que conviene utilizar alguna lupa para ver las plantas con más detalle.

Madurar desde antes con esquejes.

Habrá muchos cultivadores que no querrán esperar las 8 semanas hasta la prefloración, pues implica un gasto de espacio, energía eléctrica, fertilizantes y tiempo. Afortunadamente es posible adelantar el ciclo de vida de la planta si jugamos con las horas de luz que recibe.

Después de todo, la planta ”prefiere” crecer  siempre que reciba 18 horas de luz continua por día. Pero si esto disminuye a sólo 12 horas de luz decidirá que es tiempo de florar. Sin embargo, una vez que esto sucede no es posible regresar al periodo anterior.

La solución sería utilizar esquejes o clones, los cuales se obtienen al cortar un trozo de una plata en vegetación y dejarle crecer. Al ser copias idénticas, podemos adelantar el periodo de estos para observar el sexo de su madre sin inteferir con el ciclo de ésta.

¿Qué hacer con los machos?

Mejorar una familia de plantas.

Una de las ventajas evolutivas de la reproducción sexual de las plantas de marihuana es la variación genética de los individuos. Es así que podemos seleccionar a los que tengan las características que más deseemos y reproducirlos entre sí. De esta forma, la siguiente generación de plantas tendrá mejores características.

Este proceso es lento, se debe ser muy observador y paciente, pero al final del día nos encontraremos en camino de criar una variedad única de cannabis que satisfaga nuestros gustos personales. Para ello los machos son esenciales, pues otorgarán la mitad de la carga genética necesaria.

Extractos (no tan psicoactivos)

También es posible hacer extraer aceites de las plantas macho. Después de todo ssí trae cannabinoides, sólo que en muy poca cantidad. Y tamién se pueden aprovechar otros de los beneficios nutricionales del cannabis, como la presencia de ácidos grasos, proteínas y fibra. 

Compañía

Al final del día, las plantas macho no dejan de ser marihuana y tenerlas de compañía inspira mejores humos. Nada adorna la habitación ni mejora la vista tan bien como una bella planta de cannabis.